La primera parte está en este LINK
REVISTA MAX: Supe que tuvo un roce con un eminente científico...
J.L.: El idiota se cabreó por un fragmento de mi libro Paulo Cohelo y Dan Brown me la chupan otra vez que dice: (abre el libro y lee) Resulta conmovedor preguntarse cuán importante es el descubrimiento de sustancias que salvarán millones de vidas en el tercer y octavo mundo. No es en cierta forma cruel (en un planeta atestado de gente) SALVAR VIDAS que de antemano están condenadas a la angustia fisiológica y la desolación ambiental, a la depresión renal y a la intemperie, al delirio de persecución (bien fundamentado), al hambre, a que los gringos ganen todos los partidos de baloncesto, a la ruina mental, moral, física, a uno echarse jamás un polvo con Sharon Stone (o algo aproximado). Condenados a ser escoria para experimentos nucleares con desechos radiactivos enterrados en sus patios. Vendrá un día en que esos sabios y arrogantes investigadores serán considerados CRIMINALES por habernos salvado de una muerte más que digna y temprana en nombre de una ciencia que no ha sido capaz de inocular al hombre una sustancia que mengüe su ferocidad.
REVISTA MAX: ¿Ha pensado en el suicidio?
J.L.: Sí, me gustaría abrir el periódico un amanecer y encontrar que la noticia de día es el suicidio en serie de los animadores de tele ventas, el elenco de Padres e Hijos y los cantantes de Reggaeton. El suicidio es el único acto de pudor que les queda a tantos hijueputas.

REVISTA MAX: ¿En qué trabaja actualmente?
J.L.: Un caguetas de Hollywood quiere llevar mi novela Brinca y pea, cariño al cine y me pidió que escribiera el guión, pero mi gran proyecto sigue siendo inventar un papel higiénico que de verdad limpie el culo.
REVISTA MAX: ¿Qué cosas odia?
J.L.: Las habitaciones repletas de libros, la gente que trabaja detrás de una ventanilla, Mercedes Sosa (cuyo apellido no podría ser más apropiado), la gente que explica sus actos, los granos que me salen en la cara y en el culo. La gente que cree en la fecha de vencimiento de los alimentos enlatados y en los jugos de pura fruta y esas babosas culonas que saltan de los reinados a la tele y en cada entrevista van diciendo que soy su personaje favorito.
REVISTA MAX: ¿Algo le inspira respeto?
J.L.: Cualquier criatura distinta al hombre me lo inspira, ellas siguen viviendo por no caer en cuenta del mundo en que viven; en cambio, nuestra supuesta conciencia, no nos sirve para tener el ápice de pudor que nos haría reventar. Hace poco leí que las águilas, cuando por alguna razón (ala rota, vejez, pérdida de pareja) no podían dominar los cielos a su antojo, optaban por suicidarse estrellándose contra las rocas y que lo mismo hacían los grandes habitantes del océano. En cambio, nunca he sabido que una cucaracha tome tal decisión.
REVISTA MAX: ¿Qué le falta por hacer?
J.L.: Comerme un murciélago vivo o lo que es peor: leer las obras completas de Arturo Uslar Pietri. Experimentar asco es una aventura apasionante que empiezo cada día al mirarme al espejo y que sólo puedo superar en un encuentro de escritores.
REVISTA MAX: ¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?
J.L.: Con un adiós a los que me aman y un pedo al resto.
Nota:
James Lephra. 54 años. Diseñador de calzoncillos para jabalíes. Filósofo y dentista. Actor de cine y televisión en Guinea del Sur. Estuvo casado con la tenista Martina Cara de Caballo y con el mesero Jaime Baily’s.
A los tres años James Lepra le echó un pedo en la cara a su tía, la famosa prostituta y exreina nacional de la belleza, Susana Chupalotodo. Esa misma noche descubrió que su padre era el poeta y vendedor de aspiradoras Depáck Chuprá (vendedor del mes durante tres años en K-Mart). Desde entonces la crítica lo ha catalogado como un tipo irreverente.
La modelo brasileña Kira ha declarado que Lephra se lo zampó por detrás cuando ella no había cumplido trece años. Lephra sostiene que fue por delante.
* Publicado en el suplemento Max de la revista Atlalaya.