Jo-jo-jo. Llegó diciembre con su alegría, aunque en mi cuadra llegó 12 minutos después de terminada la fiesta de Halloween, no me dejaron ni quitarme la máscara o el disfraz cuando ya titilaban los árboles de navidad.
Me pregunté a mi mismo y minutos después hice este interrogante públicamente... ¿Por qué? La respuesta que recibí, no solo contundente sino llega de razón fue: "es que diciembre dura solo 30 días y las cositas de navidad son tan bonitas que es mejor tenerlas más tiempo". No discuto más el caso.
Llegó diciembre con su belleza, con sus lucecitas de colores, con sus adornos en trapo y lana, los renos, Papa Noel y la venta acelerada de todo tipo de decoración "made in China" y por "la china", habilidosa artesana del arte country y sus derivados.
Llegó diciembre con su alegría, el mes de los centros comerciales abiertos hasta entrada la madrugada, de las carreras por el regalo para la tía Eunice y del amigo secreto (espero este año si me den buen regalo).
De las fiestas de fin de año de las empresas, razón de ser de muchos departamentos de recursos humanos y escenario de los momentos más memorables y bochornosos de la historia laboral del empleado promedio. Ojo, en Facebook queda todo registrado para la posteridad.
El mes de la lista al Niño Dios... De pedir, casi exigiendo por los últimos aparejos de la tecnología. Esperemos el cupo de la tarjeta de.
El mes de las películas de navidad, que hemos visto mil y una vez en medio de los intentos desesperados de Hollywood por sacar nuevos filmes que nos "inspiren". ¡Ah!, como olvidarme de los especiales del Niño Jesús y sagrada familia en la televisión nacional.
Llegó el mes del cambio de puntos Carulla por pavos. De sacar la vajilla fina porque viene el tío de los Estados Unidos, de comprar calzoncillos amarillos y desempolvar la receta de la natilla, el buñuelo y el arroz de leche.
El mes de cerrar año recordando y sufriendo aquello que pudo haber sido y no fue, arrepintiéndose de una que otra cosa que si fue... Pero no como debería y de sentarse a pensar en los propósitos para el 2008.
El top 5, en orden indiscriminado: dejar (obtener) algún vicio, conseguir novio(a) o marido (esposa) depende de la necesidad, cambiar de trabajo, viajar y este año "si voy al gimnasio con juicio".
Arrancamos las "parrandovenas" (mezcla equitativa entre parranda y novena de aguinaldos nada que ver con el cereal tan nutritivo y que permite, según Quaker, bajar el colesterol). Ven, ven, ven.... ¡Salud!.
El mes de los villancicos en sus tonos insoportables pero siempre amables que, a pesar de recitarlos año tras año aun no nos sabemos en su totalidad. Hay que hacer el esfuercito o tratar de leerlos del cancionero de paginas amarillentas que hay en casa.
Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús todavía, ¿no?