Tratamos de estar centrados, con la mejor disposición para hacer las cosas, con la motivación necesaria (a veces, casi siempre automotivados) para encarar cada día, cada tarea, cada responsabilidad de la mejor manera posible. Buscando, siempre, alcanzar el objetivo, entregar a tiempo el trabajo solicitado o cumplir con las metas propuestas.
En esto consiste, básicamente, el ir a una oficina. El trabajar. Seguir los lineamientos de la estrategia de la empresa bajo los parámetros dictados por ella en sus procedimientos y guiados por el jefe, ese líder que debemos tener para que, con su intervención, lograr satisfacer a los socios de la empresa generándoles rentabilidad y a la sociedad entera al no causarle daño alguno.
Y la mayoría lo hacemos. Ir al trabajo a generar un buen ambiente, finalmente son 8 ó 9 horas al día las que pasamos entre los compañeros de oficina. Por eso nos ponen apodos, nos molestan con una que otra cosa, al que se peluqueó y quedó con cara de bebé o la que llegó estrenando tetas, o con una cara de guayabo bestial. Es una dicha, la camaradería propia de un batallón, somos compañeros, no amigos, aunque a veces se logra la amistad e incluso algo más, rara vez, pero pasa.
Pero en cada oficina, en cada sitio de trabajo aquí en Colombia y en el mundo entero, no falta el amargado(a) a quien nada le parece bien, todo le estorba, todo le molesta, todo le parece inapropiado o inconsistente. Mejor dicho, esa persona que sólo se aguanta a sí misma.
Generalmente es una persona mayor, con una gran antigüedad en la empresa (más de 15 años), no es por ser sexista, pero en mi caso particular han sido mujeres (viejas) quienes se han destacado en tan peculiar posición.
Ocupan un cargo de sueldo fijo metido entre los mandos medios pero sin poder alguno, salvo aquel que la misma antigüedad y la falta de un correctivo a tiempo les ha otorgado. Su educación les permitió llegar al puesto que ocupan pero, desde 1985, cuando llegaron a la empresa, no han hecho ni un curso de costura y se limitan a las actualizaciones de ley, en su mayoría, tributarias.
Su misión: hacer del día de quienes los rodean o quienes dependen de ellas en el procedimiento, un infierno.
"No le pares bolas", te dicen al llegar a tu cubículo luego de pasar por sus cálidas palabras y ejemplar trato, el sarcasmo no es mi fuerte así que lo diré como es: te tratan de inútil, de impedido, de bruto y claro, de no tener la camiseta puesta.... Adicional el tono es, al menos, 30 puntos más alto de lo permitido en cualquier escala de decibeles de las que miden contaminación auditiva.
Este trato tiene una justificación: deben mostrar que son importantes para la organización, por no decir vitales, y los gritos, pues, si te van a humillar, que todo el mundo lo sepa..., ¿no?
Ante esta situación, no se puede hacer mucho. Su antigüedad impide su despido, sería muy costoso para la compañía... Así pues que poner la queja está descartado. No se puede alegar acoso laboral o mal ambiente, porque, como no son jefes (así se sientan uno) no les aplica la norma. Los cargos que se han creado con la evolución de las empresas no les afecta pues, son todos nuevos y "yo llevo 20 y pico de años acá y eso no funciona", dicen riéndose mostrando la ausencia de una o más piezas de su dentadura.
Se convierten pues en un decorado de la oficina, en los protagonistas de mitos y leyendas y en cada advertencia a quien llega nuevo: "uy, hermano, espere que le toque ir donde fulano".
Mas de una vez han pasado por recursos humanos en donde, sin lagrimas ni pudor, justifican su accionar en "el amor que le tengo a esta empresa" y al hecho de "tener un temperamento difícil". Sencillo, ¿no? Imagínense yo diciéndole a mi jefe: "es que mi temperamento es difícil", ja, me saca a patadas de la oficina con mi liquidación en la boca.
A los estudiantes deberían darles clases sobre sujetos como estos, créanme, sería una materia valorada: "Manejo del ogro" o mejor: "introducción a la miseria laboral".
En fin, ya me desahogué... Que pena. Pero, aprovecho para que, si estas leyendo y tenes un elemento como este en tu oficina, te unas a esta nueva cruzada para erradicarlos.
Hagamos una colecta y los mandamos a un spa, a un hipnotizador, les conseguimos un muchacho o muchacha para que se animen o, simplemente, pedimos a Dios por que cada día que pase no tengamos que verle la cara.
Me pregunto, ¿cuántas personas habrán cambiado de cargo o de empresa para no tener que "aguantarse" alguien así? , ¿Cuánto cuesta capacitar a un nuevo empleado?
Por ahora, apretar dientes, tomar aire y luego les cuento, voy para, bueno, voy para allá.... argh.