Estos días han sido agitados. La llegada de diciembre no solo obligó a desempolvar la decoración navideña o a invertir un par de pesos en cambiar algunas bolas, una deshilachada guirnalda y reponer unas luces, porque las que habían o están hechas un nudo o se fundieron.
El arbolito fue armado con juicio, y paciencia, desde el 1 de diciembre esperando que debajo suyo lleguen los regalos. Los regalos, el dilema. ¿Qué regalar?, ¿Qué pedir?
Los catálogos de Carrefour, Carulla, Éxito se acumulan bajo el sillón de la sala. Las ofertas llegan a diario por la televisión, las tarjetas de crédito anuncian jugosos premios y las opciones de "pagos por cuotas" son tan amplias como los intereses que cobran.
Ay, ¡Dios mío!. Tanto y tan bonito y yo con tan poquito.
Pero no importa, el espíritu navideño, (que se muestra en demasía con cada árbitro que le pita al Atlético Nacional, que manera de adelantarles la noche buena, el aguinaldo y demás.)... El espíritu navideño puede con todo. No hay billetera flaca o datacrédito que no ceda a la tentación de dar.
Hace tres días salí de compras, el ánimo de salir a estas alturas de diciembre, a penas si llegamos a la mitad del mes, era el evitarme el tumulto, la montonera, las filas en los cajeros electrónicos, las cajas registradoras, los restaurantes, el baño y el parqueadero pero fallé. Llegué a Unicentro temprano tipo 6.30 de la tarde, yo se hay mas opciones pero allá si encuentro de todo. No me lo esperaba pero lo sospechaba, estaba lleno.
Parquear fue una odisea, casi dejé el carro sobre otro carro encima de dos carros más dejando espacio para que pusieran uno mas al lado. Caminé bajo la llovizna por un par de metros y una señora y su hija pasaron corriendo a mi lado... Repito, a duras penas es mitad de mes y ya andamos en carreras.
La puerta por la que ingresé es la de los cajeros, la cola que había me sorprendió, no sólo por la cara de resignación de los cincuenta y pico que hacían la fila, sino porque el cajero estaba leyendo las tarjetas sin problema y ninguno estaba "temporalmente fuera de servicio". Alegremente sospechoso.
Las miradas iban y venían, las luces de las vitrinas brillaban con desesperación, esta estrategia comercial que nos pone a la altura de los bichos: entre más brillante la estantería, mas te atrae...Como a los insectos la luz.
Caminantes, mirones, curiosos y compradores. "Salgamos de eso ya" le escuché a una señora mientras miraba con angustia a su marido. "Un libro, regálale un libro" le decía una amiga a la otra mientras chupaba un cono de McDonald´s.
"¿Y si no le gusta lo puede cambiar?" Preguntaba entusiasmado un joven que, a las claras se ve que va a gastar su prima navideña por primera vez.
"¿Muy feo si le doy un bono?" cuestionó un amigo al otro acerca del regalo para su novia a quien le contestaron lo único que se podía: "depende de qué, en dónde y por cuánto".
En fin, a medida que entraba la noche llegaba más y más gente. Las empacadoras sonreían por obligación con algunas ampollas en las manos. Los cajeros hacían sonar el Bip-bip de sus registradoras al unísono con el murmullo propio de la tienda nueva. Niños tocando y probando juguetes, padres asombrados con ganas de confesar que el Niño Dios son ellos mientras evalúan con detenimiento el precio de los artículos en mención.
Los almacenes de ropa con su escuadrón de vendedores-escoltas antiatraco y robo que a la vez que te atienden deben vigilar que no se pierda ni un calzoncillo. Los universitarios buscando unos pesos a costillas de sus maltratados pies y agotadas sonrisas, un buen empleo de temporada.
"¿Este no lo hay en negro?", "¡Qué cosa conmigo, siempre de lo que me gusta no hay de mi talla!" la maldición de los promedio. Talla M, 32 en pantalones o 39 en zapatos.
Un señor, con cuatro bolsas llenas salía airoso, orgulloso y complacido... lo logró, tenía todo, se iba a su casa tranquilo mientras que otro acompañaba a su mujer a la tienda número 20 a probarse el jean número 15... Imagino que terminó comprando el primero que vio, eso si, si es que aun está su talla, aunque no hay problema, le bajan el del maniquí.
Diciembre y las compras. Tanto que he visto, tanto que me falta por ver.
Pero, como les digo, es la tentación del dar. De salir a jugar al Niño Dios, de comprar, empacar y llevar el regalo para que alguien tenga una feliz navidad.
Sabemos que el Niño Dios son los papás y el Niño Dios de los papas es la "prima" y la "prima" viene del trabajo que el Niño Dios nos dio a los papas, así que el Niño Dios es y seguirá siendo el Niño Dios, ¿no?
Por cierto... esta noche salgo otra vez, ayer no alcancé. Felices compras.