Cali es Cali lo demás es.... ¿Seguro?
La noticia con la que me levanté esta mañana, (ya pasado el nuevo sainete de las FARC con lo de Emmanuel), me sacudió un poco, pues, si bien no se me hace para nada raro, si es, por no decirlo menos... Preocupante.
Cali, la capital del Valle del Cauca y otrora modelo de comportamiento cívico y ciudadano rompió todas las marcas y no, no fueron en una pista de patinaje o en una cancha de fútbol, fueron en el Hospital Universitario del Valle.
Durante el periodo comprendido entre el 24 de diciembre y el 7 de enero, 15 días, atendieron en dicha entidad 680 heridos, algo así como 45 heridos diarios. ¡45! Y solo en el Universitario.
La policía, sin embargo, daba hace pocos días un parte de satisfacción al declarar que los homicidios habían bajado en comparación con años anteriores, bien por eso, pero no deja de ser alarmante que, según la información entregada por los galenos y difundida en Caracol y El Tiempo, el 80% de los casos son pacientes que "sufrieron lesiones con armas de fuego, cortantes o contundentes o en caídas".
A estos se suman los 140 lesionados que "procedían de accidentes de tránsito, especialmente, en el norte de Cali. En la mayoría de pacientes estaba la mezcla de licor con gasolina" informaron.
¿Y entonces? Lo de siempre: Jairo Alarcón, director del Hospital, sugirió: "se debe trabajar en acciones por la convivencia, pero por el momento pidió retomar desarme y la 'Ley Zanahoria'". ¿pide, doctor? No, ¡exija!.
Más que "acciones de convivencia" lo que hay que encontrar es el rumbo que la sociedad caleña perdió.
Soy de Cali, me gusta Cali y me preocupa Cali. Durante las vacaciones, como ya es habitual, visité mi casa, me vi con mis amigos y traté de disfrutar, como hace años, de la Feria de Cali.
Al llegar a la "Sultana del Valle" lo que me recibió fue un monumental trancón, un olor hediondo de unas bolsas de basura sin recoger y casi dejo la trasmisión del carro en un hueco. Pero esto no es lo fundamental pues son temas de solución rápida (mientras haya voluntad).
La realidad, al menos como lo veo yo, es que en Cali quienes la están "viviendo" son los jóvenes entre los 20 (incluso menos) y 35 años. Los criados en la época negra del narcotráfico de donde heredamos estas costumbres estúpidas de manejar a grandes velocidades borrachos, de buscar y hacer peleas por cualquier cosa (actitud muy madura), andar armados para sentirse más hombres, aparentar lo que no son porque lo quieren ser y claro, lo fácil. La plata fácil, las niñas fáciles, la rumba fácil y la falta de conciencia (¿qué más fácil que eso?)
Impera lo material en donde domina el "plástico"... si el de las tarjetas de crédito, los cerebros huecos y las tetas de goma.
Yo no se que pasó. Lo cierto es que, con tristeza, tuve que devolverme de mi salida al Parque del Perro porque me dio jartera ver como ésta insignia caleña se convirtió en lo mas parecido a una plaza de pueblo chico (bien chico) gracias a las pintas y rostros que vi.
Yo no se que pasó. Pero al ir a Granada a comer casi se roban el espejo del carro en el que fuimos y al sacarlo del sitio en donde estaba parqueado un amable sujeto, montado en un Mazda 3, nos cerró el paso cuando teníamos la vía, por ley y por derecho.
Yo no se que pasó. Pero, en la Plaza de Toros, sentí pena ajena al ver como un evento serio (discutible y poco humano, pero serio) se convirtió, en Cali, en lo mas parecido a un circo cruzado con verbena popular.
¿La educación de estos jóvenes quien la dio? ¿la reeducación de ellos quien la va a dar? ¿con qué modelo? ¿volveremos a ser la Cali cívica, limpia y bonita de antes? ¿aprenderán?
Por lo pronto hay 680 personas recuperándose en el Hospital Universitario, pensando en que debieron actuar diferente... Espero que lo estén pensando, al menos, de lo contrario, no sirve de nada.
Y, los otros, los de las paginas de "Rumba, Rabo y Oreja", salgan de los Clubes, defiendan a Cali, hagámonos valer para que, como me dijo un buen amigo caleño hoy radicado en Boston, "valga la pena volver".