Nos alistamos mi papá y yo para ver el clásico 262 del fútbol vallecaucano. Cali recibiría al América en el Pascual Guerrero con el recuerdo fresco (y el vándalo aun libre) del partido de hace unos días.
La idea original, aprovechando el clima de paz y demás promesas, era el de ir al estadio, pero, fiel a sus principios pesimistas y como un clarividente en medio del trance propio del profeta, mi padre, acérrimo hincha verdiblanco, simplemente "la vio venir".
No vayamos, dijo, Herrera está volviendo de una lesión y los del América, (dijo con la sabiduría propia de aquel que no escucha ni por equivocación a Oscar Rentería), están con sed de venganza.
Dicho y hecho. Nos quedamos viendo el partido por Televisión. Entre un comentario y otro hicimos hincapié acerca de la tribuna vestida de blanco. Raro, no solo porque se veía como si fuera un ensayo de un coro infantil (hasta que se descamisaron) sino porque, como no ocurría hace años, ¡Le hicieron caso al Alcalde! (Tan bonito... ojalá fuera igual para lo de las Basuras, ¿no mi doctor?)
Volvamos a la venganza escarlata. Al minuto treinta del primer tiempo Oscar Córdoba, portero del Cali, ya había tenido que agacharse a sacarla tres veces del fondo de su arco. Nos mirábamos sin poderlo creer. Tres goles en cuatro tiros al arco y el Cali cero goles en ocho tiros a puerta. Que mala suerte.
Fueron entonces lanzados los improperios propios de aquel que, como nosotros (padre e hijo) o cualquiera que sea hincha, sufre al ver una debacle así. No podíamos maldecir por estar en Semana Santa (y por la presencia pura de mi madre al lado), pero... en fin, Dios perdona.
Cuatro a cero el resultado final. Más allá de la estrategia, la (buena o mala) disposición de los jugadores en el campo o la falta de suerte del Cali (sumada a la mala puntería) lo que queda de este partido es lo siguiente:
1). Un equipo que recibe cuatro goles en la fecha anterior puede marcar tranquilamente cuatro en la siguiente. Este es nuestro fútbol señoras y señores, nivelado por lo bajo.
2). La motivación de un equipo no solo viene del aliento (la mayoría de veces alicorado) de la tribuna o de la chequera de los directivos, no, al jugador, un ser humano de carne, guayo y hueso le da vergüenza y por vergüenza es capaz de hacer cualquier cosa, como dos goles en un clásico, por ejemplo.
3). ¿Se habrán ido todos los sinvergüenzas del Cali?
4). El América es un equipo que corre y mucho, el Cali es un equipo liviano, y mucho.
5). Apenas vamos en la mitad de la primera fase. En este torneo cualquier cosa puede pasar. Lo que cuenta son los octagonales, esperemos clasificar. Y,
6). Cuando mi papá dice "la veo venir" es mejor hacerle caso.