Liberen a Ingrid antes que Ingrid se libere de sí.
La consigna es una desde hace rato. El discurso de "liberen a los secuestrados" se torno en el de "Liberen a Ingrid" solo que hace una semana para acá, cuando las versiones de prensa han indicado del precario estado de salud de la ex candidata presidencial, dejo de ser un simple discurso para convertirse en una súplica.
Ingrid Betancourt, secuestrada hace seis años por las FARC se encuentra en mal estado de salud. No solo física sino mental también.
Mucho se ha dicho últimamente al respecto de su liberación. Que sería pronto, que ya estaría negociada, que falta poco... Pero no se da.
Lo cierto es que el Comité Internacional de la Cruz Roja no la ha recibido ni ha podido atender humanitariamente. Adicionalmente, el avión que la esperaba en Guyana para atenderla tuvo que regresarse a Francia.
Igualmente el país galo y sus dirigentes están a la espera de su liberación agotando todos los recursos. Estos acercamientos de los franceses así como los pedidos y ruegos de sus familiares, amigos y el pueblo de Colombia han tenido oídos sordos en el seno de la guerrilla.
Cierto es que el gobierno del presidente Uribe mantiene sus operaciones sobre los insurgentes aunque está dispuesto (sin despeje, claro está) a encontrarla y proporcionarle asistencia.
Mejor dicho, de este lado del conflicto se ha hecho todo y de todo para permitirle a Ingrid volver con los suyos. Del otro lado, del lado de las FARC la respuesta ha sido nula.
Las FARC cuentan con ella como pieza clave (el AS de su baraja negociadora) y liberarla no va ser tan sencilla como el dar una prueba de voluntad de paz o un gesto humanitario. No.
Tan es una irremplazable pieza que, contra toda lógica, la habrían llevado a un centro de salud en el Guaviare. Aunque esto fue desmentido por los habitantes de dicha zona.
A Ingrid le queda poco. Los testimonios de aquellos que han regresado a la libertad de cómo la vieron, de cómo la sintieron hablan de una persona entregada, resignada, débil sin esperanza o deseo de vida.
Que la habían visto en condiciones "peores a las de un habitante de Somalia", que no come y que no recibe medicina de quienes la custodian. Padece leishmaniosis, hepatitis B, desnutrición, vomito, diarrea y una severa depresión.
Si no liberan a Ingrid pronto por la vía que sea, la misma ex candidata lo hará, prueba de ello es que las FARC tuvieron que amarrarla porque se quiso tirar a un rio.
Dios quiera que las voluntades se encuentren antes de que Ingrid se libere de su cautiverio, de quienes negocian y no logran nada, de quienes piden y no ofrecen nada a cambio. Del dolor de no poder ser quien es, de no tener a su familia y de una vida que dejo, hace 6 años, de ser suya.